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Lex Flavia Malacitana: historia y descubrimiento

Desde el siglo II a. C., con la llegada de los romanos a Hispania, la ciudad de Malaca ha contado con un trato favorable debido a no resistirse al nuevo pueblo invasor. Malaca fue entonces foedus de Roma. Es decir, no pagaban tributo y su único deber era facilitar hombres para las conquistas de Roma. Sin embargo era un statu que limitaba algunos derechos que pudieron obtener tres siglos más tarde con la Lex Flavia Malacitana.

La ciudadanía romana

Al principio, poseer la ciudadanía romana era un privilegio que se guardaron las familias patricias de Roma. La ciudadanía otorgaba una serie de derechos a los non optimo iure como poder casarse con otros ciudadanos romanos y poder comerciar y tener propiedades, aunque no todosEran los optimo iure quienes sí poseían todos los derechos, ya que podían votar y presentarse como cargo público.

Pero no sólo existía la ciudadanía romana, también existía la latina, que por un tiempo fue reservada para los miembros de la Liga Latina, creada originalmente en el siglo VII a. C. y formada por un conjunto de tribus para defenderse mutuamente de agresiones externas, sin embargo también hubo altercados internos que acabaron con la disolución de la alianza y bajo el dominio de Roma. Esta ciudadanía, que incluía el derecho al comercio y a la propiedad, a moverse libremente y al asentamiento en Roma, fue otorgado posteriormente a otras poblaciones fuera de Italia, como en Hispania, sobre todo con la llegada de Vespasiano al poder.

El año de los cuatro emperadores y Vespasiano

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Vespasiano

Después del año 69, conocido también como el año de los cuatro empreadores, Vespasiano dictaminó un decreto imperial para otorgar la ciudadanía latina o ius latii a las poblaciones de Hispania, con el fin de crear estabilidad en el Imperio. Se calcula que unos 350 localidades se vieron afectados por la reestructuración que supuso el ahora llamado Edicto de Latinidad de Vespasiano. A algunos pueblos, que conservaban sus instituciones indígenas tardaron décadas en adaptarse a la estructura romana.

Aunque el proceso de latinidad de Hispania empezó ya con César y Augusto, fue con Vespasiano cuando la mayor parte de los hispanos pudieron disfrutar de sus derechos. Aunque a veces tardó en llegar a los municipios, pues la Lex Flavia Malacitana llegó ya en tiempos de Domiciano.

Descubrimiento

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Amalia Heredia y Jorge Loring, I Marqués de Loring

Bien conocida es la historia de su descubrimiento en el monte de El Ejido de Málaga por dos tejeros que se estaban proveyendo de barro para su labor cuando se encontraron con dos tablas de bronce que contenían las leyes de Malaca y Salpensa —la actual ciudad sevillana de Utrera— y que pretendieron vender a la fundición. Sin embargo ambas tablillas fueron salvadas por Jorge Loring y su esposa Amalia Heredia Livermoore. A pesar de la insistencia del académico Ildefonso Marzo para transportar el hallazgo a la Real Academia de Historia de Madrid, el matrimonio comenzó una colección de objetos arqueológicos hallados en la ciudad que acabarían en el Museo Loringiano de carácter privado localizado en el Jardín botánico La Concepción.

Manuel de Berlanga, fue el único que pudo estudiar las tablillas de cerca, gracias a la amistad que adquirió con Jorge Loring cuando se interesó por sendos bronces. En noviembre de 1852 se dio cuenta de la verdadera importancia que representaban las tablillas. Sus estudios fueron tan importantes y tan probados que se le llegó a condecorar con la Cruz de Caballero de la Orden de Isabel la Católica antes de la publicación de su artículo Estudios sobre los dos bronces encontrados en Málaga publicado en la Revista general de Legislación y Jurisprudencia en 1853. Berlanga, además, envió su artículos a Italia y Alemania, donde había un especial interés por el humanismo y el mundo clásico. Llegando a llamar la atención de notables estudiosos y desarrollándose nuevos artículos acerca de estos bronces en Alemania e Italia. Sin embargo, hubo también quien puso en duda la autenticidad de las tablillas, como fue el francés Edouard Laboulaye tras leer las investigaciones de Berlanga y del germano Mommsen; a lo que Berlanga respondió en 1903, más de medio siglo después de la publicación del galo:

«Un inmortal cispirenaico dio sin embargo en la extravagancia de considerar apócrifos cuantos pasajes encontró en el texto mommseniano, que no se ajustaban al limitado patrón de sus conocimientos y otro su compañero de inmortalidad, queriendo acallar los efluvios de aquella soberbia desbordada, le anunció que inmediatamente salía para Málaga con el único objeto de examinar personalmente ambos monumentos y a su regreso pronunciar ex catedra su fallo supremo urbi et orbe; pero en efecto jamás llegó a pasar la frontera, ni al pisar el suelo de Andalucia».

Pero volviendo con las tablillas, Loring llegó a aceptar que sus tablillas salieran del museo, bien juntas o separadas, para que fueran exhibidas o simplemente estudiadas. Pero finalmente, en 1897, por influencia de Antonio Cánovas del Castillo, vendió su colección de bronces al Museo Arqueológico Nacional por 100.000 pesetas, institución donde han permanecido hasta ahora el texto jurídico; a pesar de que el Museo de la Aduana ha querido que las tablas vuelvan a tierras malagueñas.

Legado de la Lex Flavia Malacitana

En la actualidad, la relevancia del hallazgo no tienen más que valor histórico y como tal ha dado nombre a la Plaza Lex Flavia y al colegio público situado en el mismo lugar. En el salón de plenos del Ayuntamiento de Málaga, nos encontramos también con una reproducción del bronce. Pero el lugar donde pasa más desapercibido es en el centro de interpretación del teatro romano, donde podemos ver todo el texto en el lateral.

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Lateral del Centro de Interpretación del Teatro Romano de Málaga. Fotografía cortesía de malagaenelcorazon.com

Pero lo que más llama la atención es la parte frontal del centro de interpretación, que encabeza este artículo, ya que su acabado pretende simular ser un fragmento ampliado de la tabla, mostrando de esta manera el siguiente epígrafe en latín —con algunas adiciones filológicas para una mejor lectura—, seguida de su traducción:

R(ubrica). Ne quis aedificia, quae restitutu-
rus non erit, destruat [non] erit, destruat.

Ne quis in oppido municipii Flavia Malacita-
ni quaeue eu oppido continentia aedificia
erunt, aedificium detegito destruito demo-
liundumve curato nisi decurionum con-
scriptorumve sentetia, cum maior pars
eorum adfuerit, quod restitu<tu>rus intra proxi-
mum annum non erit. Qui adversus ea fece-
rit [is], quanti e(a) r(es) e(st), t(antam) p(ecuniam) municipibus municipi
Flavi Malacitani d(are) d(amnas) e(sto) eiusque pecuniae
deque ea pecunia municipi eius municipii,
qui volet cuique per h(anc) l(egem) licebit, actio petitio
persecutio esto.

*  *  *

QUE NADIE DESTRUYA EDIFICIOS QUE NO TENGA INTENCIÓN DE REEDIFICAR

Que nadie desteje, destruya ni ordene que se demuela en la ciudad del Municipio Flavio Malacitano edificio alguno, ni los edificios que están cerca de esta ciudad, que no vaya a reconstruir en el término de un año, salvo por sentencia de los decuriones, siempre que se halle presente la mayor parte de ellos.
Quien actuare contra estas normas será condenado a pagar a los munícipes del Municipio Flavio Malacitano una cantidad de dinero equivalente a la cantidad a que ascienda el edificio.
Y el munícipe de este municipio que lo desee, y a quien por esta ley le esté permitido, tendrá la facultad de reclamar tal cantidad, así como la de ejercer la reclamación procesal o ante magistrados y la demanda contra el infractor en torno a la susodicha cantidad.

Traducción de Miguel del Pino Roldán


Webgrafía:

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J. Puentedura Ver todo

Escritor de banales versos y relatos incoherentes. También escribo y dirijo RubikMag.com

2 comentarios sobre “Lex Flavia Malacitana: historia y descubrimiento Deja un comentario

  1. Pingback: Lex Flavia Malacitana: historia y descubrimiento – La espada de Damócles

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